Decimos que el campo es precioso. Que que queremos ir al campo y respirar aire fresco. Todo palabrería.
Anoche fui al campo. Más que al campo, a la montaña. Todo oscuro. Silencio sepulcral. Me cagué, metafóricamente, claro. De no haber sido porque iba con ocho personas más, sino, no sobrevivo. No porque hubiera alguien. Mi mente habría ido tan sumamente rápido que me habría dado un ataque o me habría explotado el cráneo.
Maravilloso, eso sí.
De todas maneras, en el momento que sacamos las fichas de parchís y pusimos música, acabó la tensión.
jueves, 30 de agosto de 2012
miércoles, 29 de agosto de 2012
Desatarse de una obsesión
Estaba estudiando y necesitaba un descanso. He ido a mi habitación y me he hecho un cigarro. Del cual me he fumado un cuarto.
Estaba disfrutando de la brisa, de la tarde, de la luz que iba disminuyendo. En ses momento, me ha llenado de felicidad no sentir su dependencia. No esperar a ver el coche, verle aparcar y oír el timbre. Me he dado cuenta de que no le necesito. Me he dado cuenta de que hacía mucho tiempo que no pensaba en ello. Me he dado cuenta de que ya se pasó.
Me desaté por fin. No volvería. Ni siquiera por el puré de patatas con sobrasada.
Estaba disfrutando de la brisa, de la tarde, de la luz que iba disminuyendo. En ses momento, me ha llenado de felicidad no sentir su dependencia. No esperar a ver el coche, verle aparcar y oír el timbre. Me he dado cuenta de que no le necesito. Me he dado cuenta de que hacía mucho tiempo que no pensaba en ello. Me he dado cuenta de que ya se pasó.
Me desaté por fin. No volvería. Ni siquiera por el puré de patatas con sobrasada.
Cabría la posibilidad, vete tú a saber.
¿Nadie ha pensado en la remota posibilidad de José Bretón sea sincero? ¿Nadie ha pesado en la posibilidad de que no haya matado a sus hijos?
Hace unos meses leí en el periódico la escalofriante noticia de que un hombre compró cuerpos de fetos por internet, los quemó y previamente los bañó en pan de oro. Se ve que en los países asiáticos son un símbolo de buenas suerte, o algo así.
Aquí está mi teoría. Que José Bretón se hiciera con huesos humanos de chiquillos de la edad de sus hijos. Dejar falsas pruebas. Todavía no lo han incriminado y siguen con la investigación. ¿Y si es posible que los hijos de éste hombre sigan vivos? En todo caso diría la verdad, que él no les mató.
Yo lo dejo en el aire. Este hombre no se ha desmoronado en ningún momento. Y seamos realistas, son sus hijos, no puede ser que no llorara o algo. No mostrara ningún tipo de sentimiento.
Me inquieta.
Hace unos meses leí en el periódico la escalofriante noticia de que un hombre compró cuerpos de fetos por internet, los quemó y previamente los bañó en pan de oro. Se ve que en los países asiáticos son un símbolo de buenas suerte, o algo así.
Aquí está mi teoría. Que José Bretón se hiciera con huesos humanos de chiquillos de la edad de sus hijos. Dejar falsas pruebas. Todavía no lo han incriminado y siguen con la investigación. ¿Y si es posible que los hijos de éste hombre sigan vivos? En todo caso diría la verdad, que él no les mató.
Yo lo dejo en el aire. Este hombre no se ha desmoronado en ningún momento. Y seamos realistas, son sus hijos, no puede ser que no llorara o algo. No mostrara ningún tipo de sentimiento.
Me inquieta.
Gloss de sueños que se derrumban al despertar.
Hoy sentí al despertar, que estabas a mi lado. Mi subconsciente me jugó un mal trago. Te quiero aquí, a mi lado. Abrazarte y sentir que me quieres igual que yo te quiero a ti.
Sí... sería bonito ser poeta y poder demostrar con bellas palabras lo que siento pero no es así, ¿verdad?
Me conformaré con contar las malas experiencias que nos hace el subconsciente.
Dormía la siesta. Estaba teniendo un sueño extraño, como de costumbre. Y cuando desperté pensaba que mi novio estaba conmigo. No era así, y además tenía que levantarme a estudiar. Suena a ximpleria, y puede serlo, pero por un momento me he sentido mal.
Luego me he puesto gloss en los labios, un gloss que huele genial, y se me ha pasado.
¿No os encanta cómo queda el gloss? Te deja los labios taan, brillantes. Es genial.
Sí... sería bonito ser poeta y poder demostrar con bellas palabras lo que siento pero no es así, ¿verdad?
Me conformaré con contar las malas experiencias que nos hace el subconsciente.
Dormía la siesta. Estaba teniendo un sueño extraño, como de costumbre. Y cuando desperté pensaba que mi novio estaba conmigo. No era así, y además tenía que levantarme a estudiar. Suena a ximpleria, y puede serlo, pero por un momento me he sentido mal.
Luego me he puesto gloss en los labios, un gloss que huele genial, y se me ha pasado.
¿No os encanta cómo queda el gloss? Te deja los labios taan, brillantes. Es genial.
lunes, 27 de agosto de 2012
Labios carmesí.
Tres días contados, desde que te tomaste la última pastilla y tu única y mejor amiga, durante ese maravilloso periodo en el que eres sexualmente activa, te saluda. Cinco minutos tras decir el pimer "Hola, he vuelto" nace un dolor extremo en tus entrañas. Nace como por arte de magia y lo que quieres es que desaparezca tomándote una jartà de pastillas anti-inflamatorias. Pero ese dolor no acaba, ahí, sigue y sigue, y persiste hasta pasados otros tres días. Aunque hayan contras, mal humor, estar al borde de la cadena perpetua, llantos, y altibajos emocionales, en el fondo, muy, muy en el fondo, eres feliz, porque sabes qué significa, que pasados unos meses no serás la persona más desgraciada que hayas podido imaginar. Y es que este dolor significa, despreocupación, suciedad y libertad, sobretodo suciedad.
Desayuno de decepción.
Te levantas abrumada porque ya es tarde. Lees una noticia y decides que es hora de desayunar. Vas a la cocina con toda la inocencia de la que eres capaz. Alimentas a tu mascota y te dispones a alimentarte tú. Leche caliente aún en verano... dos y media de azúcar... y cuando alzas la mirada, y te das cuenta de que no hay galletas de las tuyas sino integrales con soja lo único que te pasa por la mente son tres cosas: "estas son una mierda", "joder, con las que compró Javi me conformaba" y "¿qué desayuno yo ahora?".
Total, que coges el vaso de leche, vas a la mesa del comedor, con la mirada perdida y con el estómago rugiendo por algo que desintegrar y para aportar nutrientes a tu organismo. Pero no haces nada más que beber hasta que acabas el vaso.
Y es que un desayuno sin galletas, no es un desayuno. Perdón, un desayuno sin galletas MARÍA. O en su defecto, normales. Pero no amigos, INTEGRALES no.
Total, que coges el vaso de leche, vas a la mesa del comedor, con la mirada perdida y con el estómago rugiendo por algo que desintegrar y para aportar nutrientes a tu organismo. Pero no haces nada más que beber hasta que acabas el vaso.
Y es que un desayuno sin galletas, no es un desayuno. Perdón, un desayuno sin galletas MARÍA. O en su defecto, normales. Pero no amigos, INTEGRALES no.
domingo, 26 de agosto de 2012
Diario de una relación precipitada
¿No has sentido nunca dudas, miedo, agobio?
Eso es lo en mayor en menor medida es lo que siento en la relación en la que estoy escasas tres semanas.
Y no es que no le aprecie, pero es que vamos muy rápido. Lo tópicos dicen que acabará mal. Pero hoy por hoy no lo creo.
He de cambiar, y no ponerme triste al no estar con él. Sino acordarme de lo que hemos pasado esos tres días en su casa. Porque, ¿para qué me voy a poner triste si estoy con él y sé que no ha acabado? Cuando nos volvamos a ver, volveremos a reír, a besarnos, a fumar, a beber, y a frungir, por qué no. Las imagenes deberían hacerme fuerte y feliz, y no el deseo descontrolado de abrazarle el que me haga caer en el sofoco. Y si lloro, que sea de alegría.
Ese último gesto, el de tirar el filtro y que saliera mal, su sonrisa y su último beso son lo que me quedará para darme apoyo hasta el día dos de septiembre.
Nadie dijo que una relación fuera fácil, y aún así, yo lo sigo creyéndolo.
¿Que no va a salir bien? Por mis ovarios que yo contigo paso la Nochevieja en Londres.
Eso es lo en mayor en menor medida es lo que siento en la relación en la que estoy escasas tres semanas.
Y no es que no le aprecie, pero es que vamos muy rápido. Lo tópicos dicen que acabará mal. Pero hoy por hoy no lo creo.
He de cambiar, y no ponerme triste al no estar con él. Sino acordarme de lo que hemos pasado esos tres días en su casa. Porque, ¿para qué me voy a poner triste si estoy con él y sé que no ha acabado? Cuando nos volvamos a ver, volveremos a reír, a besarnos, a fumar, a beber, y a frungir, por qué no. Las imagenes deberían hacerme fuerte y feliz, y no el deseo descontrolado de abrazarle el que me haga caer en el sofoco. Y si lloro, que sea de alegría.
Ese último gesto, el de tirar el filtro y que saliera mal, su sonrisa y su último beso son lo que me quedará para darme apoyo hasta el día dos de septiembre.
Nadie dijo que una relación fuera fácil, y aún así, yo lo sigo creyéndolo.
¿Que no va a salir bien? Por mis ovarios que yo contigo paso la Nochevieja en Londres.
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